Qué tipo de crédito te conviene

A pesar de la problemática mundial y de la inestabilidad de los mercados, la banca en nuestro país es sólida y los niveles de capitalización de todo el sistema financiero incluso son más altos de lo requerido. Otra realidad es que entre las subsidiarias de los grandes bancos internacionales, México es de los países más rentables del mundo.

También es un hecho que las instituciones financieras seguirán prestando al segmento Pyme (pequeñas y medianas empresas), debido a que el nivel de cartera vencida es mínimo. Esto, al final, resulta un negocio rentable para quienes ofrecen financiamiento.

Existen opciones para todos. Dependiendo del apetito de riesgo de la institución financiera, esto fijará la tasa. Si la estructura financiera de la compañía solicitante se ve espectacular, va a haber más postores que le quieran prestar y esto va a redituar en menores tasas. Pero si no se ve tan bien, se reduce el número de jugadores. Aún así hay alternativas para fondear a estos negocios, como las Sofomes y arrendadoras (que son más agresivas y prestan a tasas más altas).

Antes de saber qué tipo de crédito te conviene, hay que definir este término: es el dinero en efectivo que recibimos para hacer frente a una necesidad financiera y que nos comprometemos a pagar a un plazo determinado, a un precio determinado (interés), con o sin pagos parciales y ofreciendo de nuestra parte garantías de satisfacción a la entidad financiera (para asegurar el cobro del mismo).

Todos los créditos que hay en el mercado se pueden englobar en alguna de estas dos categorías:

1. Crédito en cuenta corriente. Se define como financiamiento para capital de trabajo o necesidades transitorias de tesorería mediante el cual la empresa solicitante puede disponer de forma revolvente del saldo establecido en su contrato de crédito. Normalmente es a un año y sirve para financiar tu ciclo operativo: cuentas por cobrar o clientes más tus inventarios, menos lo que obtienes de financiamiento de tus proveedores.

La idea es que lo tomes, lo pagues y lo vuelvas a tomar; es decir, existe revolvencia. Estos créditos son líneas –que también se pueden documentar por medio de un contrato– y su destino es totalmente libre. Cada mes pagas intereses y en algún momento durante la vigencia de tu línea tienes que cubrir el total del capital –ya sea que esté pactado que a los seis, nueve o 12 meses–. Así, al final puedes volver a ocuparlo.

El crédito para capital de trabajo es la modalidad más popular dentro de los créditos en cuenta corriente. Éste sirve para cubrir necesidades de corto plazo (menos de un año). Por ejemplo: comprar inventarios o materias primas, pagar sueldos y salarios, cubrir gastos de operación de la empresa y financiar a tus clientes.

Es importante señalar que lo peligroso es que dado que el destino es libre, se da mucho el caso que la gente utiliza esta opción para necesidades que no son de corto plazo, como la adquisición de una máquina o instalaciones. Grave error, porque como se trata precisamente de líneas de corto plazo, de repente se vienen los vencimientos de capital y no tienes los recursos para hacerle frente al cumplimiento de tus obligaciones.

2. Créditos simples. Financiamientos a mediano y largo plazo que son documentados mediante contratos y que son para personas físicas o morales con el objetivo de apoyar su actividad económica. Este tipo de créditos tienen un fin específico, esto significa que ya se tiene claro lo que se va a financiar. En este caso, son contratos y no líneas como los créditos en cuenta corriente.

El plazo va desde 18 meses hasta 15 años (en algunos bancos). Y existen diferentes modalidades de pago de capital: puedes hacerlos de forma mensual, trimestral, semestral o incluso anual. El pago de intereses es normalmente mensual.

Puedes tener un crédito simple –llamado crédito de capital de trabajo permanente–, en donde el destino es libre. Sin embargo, la finalidad es financiar tu capital de trabajo cuando tu ciclo operativo es mayor a un año; por lo que, quizá el plazo sea a tres años. De esta manera, se convierte en un crédito simple.

Elige la mejor opción

La clave para saber qué crédito utilizar (crédito en cuenta corriente o simple) dependerá de qué vas a financiar.
Si es para necesidades de capital de trabajo de menos de un año, entonces la respuesta es un crédito en cuenta corriente; si tu ciclo operativo es mayor a un año, la opción es un crédito de capital de trabajo permanente a tres años.

Si vas a adquirir una máquina, pregúntate: ¿en cuánto tiempo los ahorros que me generará esta compra o las ventas incrementales obtenidas me van a permitir pagar la máquina? Tradicionalmente, la respuesta es entre tres y cinco años. Por lo tanto, el plazo mínimo que debes buscar es de tres años.

Hablando de créditos para comprar maquinaria, mobiliario y equipo hay opciones específicas:
Crédito simple.
Crédito de capital de trabajo permanente.
Crédito refaccionario.
Crédito de habilitación o de avío.
Arrendamiento financiero o arrendamiento puro.

Por ejemplo, el crédito refaccionario te conviene para comprar una máquina o equipo de transporte porque está enfocado en fortalecer o incrementar los activos fijos del negocio. Y el mismo bien que adquieres se queda como garantía.

Ahora bien, si quieres acondicionar un local o nuevas oficinas, necesitarás hacer obra civil. Asimismo, bajo estas circunstancias hay que pagar un guante, que es el derecho que te cobran por rentar un local y que es común en las plazas comerciales muy demandadas. La pregunta es la misma: ¿en cuánto tiempo ese local adicional te permitirá recuperar la inversión?

Y la respuesta es entre tres y cinco años, dependiendo del giro del negocio. Para el pago de guante, remodelaciones de locales u oficinas, dispones de opciones como capital de trabajo permanente o un sale and lease back –que es un arrendamiento financiero en el cual tú le puedes vender activos al banco y éste te los renta de regreso–. Con este último consigues financiar destinos libres de largo plazo.

Recuerda que siempre el plazo de los créditos va en función de las garantías. De este modo, puedes logar un plazo de máximo cinco años sin necesidad de dar una garantía hipotecaria, tal vez con la garantía de una máquina, mobiliario o equipo de transporte.

Si el plazo es mayor a cinco años, sigue siendo un crédito simple, pero lo más común es que te pidan una garantía hipotecaria. En este caso, puedes solicitar financiamiento para comprar oficinas, una planta o nave industrial, y ahí la garantía es el mismo bien que vas a financiar (destino del crédito).

Cuando vas a reestructurar tus pasivos, se estila dar una garantía hipotecaria. De repente ya no puedes pagar o tus vencimientos son de corto plazo; aquí la solución es buscar un crédito quizá a 10 años, donde tus amortizaciones de capital se vuelven más chicas y eso te facilita el pago. Si bien debes dar una garantía hipotecaria, así puedes tener créditos de largo plazo y también reestructurar tus pasivos.

Otra opción de financiamiento que existe es el factoraje, y hay dos tipos:
Factoraje sin recurso. Funciona cuando tu cliente es una empresa AAA, como Walmart o Gobierno Federal. Es el tipo de factoraje que maneja Nacional Financiera en su Programa de Cadenas Productivas. Aquí a la institución financiera no le interesa la estructura financiera del cliente (tú), sino quién es tu cliente final (porque a él le hará efectivo el cobro).

Factoraje con recurso. En este caso sí se toma en cuenta la solvencia de la empresa a la que se le dará el financiamiento. En consecuencia, se le hace un estudio de crédito, ya que tal vez el papel que tiene no es de una empresa AAA. Si por alguna razón esta última no le paga a la institución financiera, tú también tienes la obligación de pago. En tanto que la tasa de interés se fija con base en tu estructura financiera.

Si eres proveedor de una gran cadena comercial y te paga a 90 días, ¿qué puedes hacer?
Una opción es el factoraje, el cual sirve para adelantarte los recursos que después la institución financiera hará efectivo a tu cliente y, por ello, te cobra una tasa de interés.

Ésta es mucho más baja que una tasa a la que podrías tener acceso con tu empresa, pues la institución financiera evalúa el riesgo del cliente final y no el tuyo.
Las ventajas del factoraje es que te permite hacer frente a tu ciclo operativo y poder financiar a tus clientes (o tus inventarios). Sin embargo, te ayuda para sobrevivir y no tanto para crecer. Para tener un crecimiento acelerado, te conviene más abrir líneas de cuenta corriente o de capital de trabajo, porque el destino es libre e igualmente puedes financiar a tus clientes o inventarios.

Por otro lado, se encuentran las cartas de crédito de importación, de exportación y domésticas. Las primeras son un instrumento financiero que permite al importador garantizar sus pagos frente a sus proveedores extranjeros. Normalmente los plazos son hasta a 180 días.

Las cartas de crédito de importación son un compromiso incondicional de pago de un banco a un vendedor. Funcionan de la siguiente manera: a la presentación de ciertos documentos y cumplimiento de otras instrucciones dadas por un comprador, el banco atenderá el pago de una cantidad establecida en un plazo conforme se haya previsto en una operación.

Si vas a importar de Estados Unidos, las cartas son garantías frente al proveedor, pues si recién inicia la relación, no te conoce. Por lo que representan una solución para que te puedan dar mercancía sin que pagues de contado (dado que las primeras transacciones son pagos de contado). Mientras tanto, el proveedor en el extranjero te conoce para que después darte crédito.

Así que si no quieres pagar de contado tus importaciones, se establece una carta de crédito: acudes a un banco a solicitarla, otra institución financiera en Estados Unidos hace la labor de corresponsalía y se obliga frente a su homólogo nacional a que cuando se presenten ciertos documentos, este último le pague al extranjero para que éste a su vez le pague al proveedor de Estados Unidos. De esta manera, te pueden entregar la mercancía sin problema.

Las cartas de crédito de exportación funcionan de forma similar a las de importación, sólo que con fines de exportación. Por otro lado, las cartas de crédito domésticas demuestran que las operaciones no necesariamente tienen que realizarse en países diferentes para garantizar una contraprestación entre ambas partes.

Ahora bien, dentro de los arrendamientos existen dos tipos.
Arrendamiento financiero. Se establece a través de un contrato mediante el cual se compromete otorgar el uso o goce temporal de un bien al arrendatario, obligándose este último a pagar una renta periódica que cubra el valor original del bien más la carga financiera y los gastos adicionales que contemple el contrato. Al vencimiento de éste, la arrendadora normalmente vende el bien al arrendatario a un valor residual.

Este esquema permite a las empresas la adquisición de activos fijos con esquemas de largo plazo. Es ideal para la compra de maquinaria y equipo, oficinas o naves industriales; en general, bienes muebles o inmuebles que quieras conservar. Contablemente registras el bien y el pasivo; haces deducibles los intereses y la depreciación del activo. La idea es que la arrendadora le venda al arrendatario el bien al final del plazo a un valor residual poco significativo.

Arrendamiento puro. Se establece mediante un contrato el uso o goce temporal de un bien, pero con la diferencia de que al final del plazo no existe una opción de compra cuando vence el contrato. La idea es que cuando termine el plazo del arrendamiento, tú le regreses el bien a la arrendadora y ésta lo venda. Contablemente tú no registras como empresa ni el bien ni la deuda, simplemente cada mes pagas una renta, que puedes hacer deducible de impuestos. Aquí el valor residual es muy alto.

Esta opción se utiliza mucho para la compra de computadoras y vehículos, ya que se deprecian muy rápido los activos y al final del plazo no te conviene quedarte con el bien. Lo regresas a la arrendadora y, si se firma otra vez un contrato, te devuelve uno nuevo.

Para arrancar un proyecto

Cuando una empresa arranca, las fuentes de financiamiento más comunes son friends, family and fools (amigos, familia y tontos). Y en etapas tempranas (menos de dos años de operación), algunas empresas que tienen un alto potencial de crecer logran levantar Capital de riesgo o Capital semilla. Para obtener este último es necesario contactar alguna incubadora que forme parte del Sistema Nacional de Incubación de Empresas de la Secretaría de Economía (SE).

En América Latina, el Venture Capital o Capital de riesgo está apenas empezando y no hay muchos fondos porque se trata de operaciones de menos de US$5 millones, en donde los inversionistas esperan un mayor rendimiento dado que hay mayor riesgo. En este sentido, el proyecto debe dar rendimientos anuales de entre 60 y 80% para que sea atractivo para un fondo de Venture Capital.

Cuando las empresas comienzan a crecer, llegan a una etapa en la que los créditos ya no son suficientes para seguir manteniendo este paso. Entonces, entra la parte de Capital Privado o Private Equity. Las operaciones son superiores a los US$5 millones. En el país operan unos 50 fondos de este tipo, agrupados por la Asociación Mexicana de Capital Privado AC (www.amexcap.com).

El objetivo de los fondos de Private Equity es encontrar empresas ya consolidadas –con cuatro o cinco años de operación– para inyectarles capital y lograr crecimientos de más del 100% anual, así como rendimientos mínimos del 40 por ciento.

Garantías

Cuando el crédito es menor a cinco años, el mismo bien a financiar es la garantía. Pero cuando el plazo es mayor a cinco años, normalmente te van a pedir una garantía hipotecaria que puede ser el mismo bien a financiar (por ejemplo, una nave industrial). O en el caso de un destino diferente, se necesitan garantías reales, dado que el plazo es mayor y, por ende, el riesgo es mayor.

En la mayoría de los casos los bancos te piden un aval, que es una garantía total o parcial de pago prestada por un tercero que se obliga solidariamente con el deudor para el caso de que éste no realice el pago. En el sistema financiero, casi todos los bancos piden un aval con un bien inmueble libre de gravamen.

Aunque el inmueble no se grava, tienes que declararlo en una relación patrimonial. Por su parte, el banco revisa que esté a tu nombre y libre de gravamen. En realidad se trata de un aval moral, pues la filosofía de la institución financiera es: si yo como banco confío en tu negocio, tú también confía en él. Asimismo, el tema de que el aval tenga un bien inmueble demuestra que a la empresa le ha ido bien (porque tuviste la oportunidad de adquirir un inmueble y que no esté gravado).

De repente, los bancos te dicen que van a gravar el inmueble. En este caso, ya estamos hablando de una garantía hipotecaria. Ésta es un derecho que se constituye sobre los bienes de un deudor o de quien avala la deuda en beneficio de un acreedor para asegurar con estos bienes el pago de la obligación. Si la deuda no es pagada en términos, en consecuencia, el acreedor tendrá derecho a quedarse con los bienes hipotecados o a rematar los mismos para cubrir los saldos adeudados.

Por ejemplo, si vas a comprar una maquinaria o un equipo de transporte, ¿qué garantía debes ofrecer? Si la estructura financiera de la empresa es sana, el banco va a solicitar sólo una garantía prendaria (que es el mismo bien a adquirir) y el aval (sin gravar el bien).

Otro tipo de garantías que también te pueden pedir las instituciones financieras en créditos estructurados son los inventarios y cuentas por cobrar (que cubran en cierto aforo el monto del crédito). O bien, te piden una garantía líquida, es decir, un porcentaje de la línea que se desea disponer; por ejemplo, para obtener un préstamo de $10 millones, debes dejar un depósito de $1 millón. Esta cuenta genera intereses, pero no podrá ser tocada mientras subsista el crédito.

Incluso, cuando la estructura financiera de la empresa se ve muy mal, la única forma para que algunos bancos te presten es con un back to back. Por ejemplo, depositas $10 millones y te prestan $10 millones. ¿Por qué recurrir a esta opción? Algunos negocios lo hacen para crear un historial crediticio o por beneficios fiscales.

Por otro lado, la hipoteca industrial es una garantía que al constituirse el gravamen afecta los bienes muebles e inmuebles que están destinados a la operación de la empresa. Es la mayor garantía que un banco puede tener sobre una compañía. De este modo, la institución financiera está garantizado el pago con toda la parte de inmuebles, muebles e incluso, cuentas por cobrar, es decir, toda la operación del negocio.

También se estilan los fideicomisos para poder garantizar el pago ante una institución financiera. Si tú como empresa tienes un contrato a largo plazo, muchas veces la institución te pide que lo cedas en garantía (los derechos de cobro).

Para darle más solidez a la operación de los flujos generados de ese contrato, el cliente final ni siquiera te paga a ti, sino que lo hace al fideicomiso. Mientras que éste tiene instrucciones para que la institución financiera tome de ahí su capital más sus intereses y lo que sobra se le regresa a la empresa.

http://www.soyentrepreneur.com

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